Introducción: un espejo de agua entre montañas
La laguna de Cuicocha, ubicada a 3.068 metros de altura en la falda occidental del volcán Cotacachi, es uno de los paisajes más emblemáticos de Imbabura y del Ecuador. Con sus aguas de un azul profundo, sus dos islotes centrales cubiertos de vegetación y el imponente marco de montañas andinas, el sitio parece sacado de un cuadro. Sin embargo, más allá de su belleza natural y su atractivo turístico, Cuicocha guarda un conjunto de historias y leyendas que se han transmitido de generación en generación, convirtiéndose en un símbolo de identidad cultural para los pueblos kichwas de la zona y para toda la provincia.
En este reportaje exploraremos no solo la historia geológica de la laguna, sino también los relatos de tradición oral que la envuelven. Desde los mitos de espíritus que emergen de sus aguas, hasta las narraciones sobre sacrificios y apariciones misteriosas, Cuicocha representa un espacio donde la naturaleza y lo sobrenatural se entrelazan.
Entre la leyenda y el temor
Los pobladores de Cotacachi relatan que los jóvenes solían ser advertidos de no acercarse a la laguna en las noches. La razón no era solo el peligro físico, sino también el temor a ser “llamados” por las voces que emergen del agua. Se cuenta que varios desaparecidos fueron vistos por última vez en sus orillas, lo que alimentó la creencia de que la laguna se lleva a quienes la desafían.
Los pescadores, por ejemplo, afirman que no es prudente cruzar el centro de la laguna, pues allí habita el espíritu mayor. Aún hoy, algunos evitan hablar en voz alta mientras navegan, como una forma de respeto hacia los guardianes invisibles.
Cuicocha hoy: turismo, rituales y memoria
Actualmente, Cuicocha es uno de los destinos turísticos más visitados de Imbabura. Se realizan recorridos en bote por la laguna, caminatas por el sendero que bordea el cráter y festividades locales donde la laguna tiene un rol central.
En el Inti Raymi, la fiesta del sol celebrada en junio, algunas comunidades realizan ceremonias en sus orillas, depositando flores como lo hacían sus antepasados. Al mismo tiempo, los guías turísticos narran a los visitantes las leyendas de la laguna, mostrando cómo la tradición oral se convierte en un recurso para preservar la cultura y transmitirla a nuevas generaciones.