sábado, 20 de septiembre de 2025

El Taita Imbabura y la Mama Cotacachi: un amor eterno en las montañas

Introducción: gigantes que miran el valle

El paisaje de Imbabura no sería el mismo sin la silueta majestuosa del volcán Imbabura y la montaña Cotacachi. Para los pueblos andinos, estas elevaciones no son simples formaciones geológicas: son seres vivos, espíritus protectores y protagonistas de un relato de amor eterno. La tradición oral ha transformado a estas montañas en personajes: el Taita Imbabura, fuerte y fértil, y la Mama Cotacachi, hermosa y maternal.

El mito del amor de las montañas

La leyenda narra que el Taita Imbabura cortejó durante siglos a la Mama Cotacachi. Su unión dio origen a los valles, ríos y quebradas que rodean la provincia. Se dice que cuando las lluvias son abundantes, es porque Imbabura derrama lágrimas de amor por Cotacachi; cuando hay fertilidad en la tierra, es porque su amor florece en los campos.

En algunas versiones, sin embargo, el relato adquiere un tono trágico: se dice que Imbabura, celoso y enérgico, lloraba por no poder estar siempre junto a su amada, y que Cotacachi, paciente y sabia, respondía con silencio.

Identidad viva

Hoy en día, los habitantes de Imbabura se sienten orgullosos de esta leyenda. Es común que los guías turísticos relaten la historia a los visitantes, o que los maestros la transmitan en las escuelas como parte de la herencia cultural. El mito, lejos de perderse, sigue siendo una fuente de identidad que une pasado y presente.